Sin sueldos, con colectivos rotos y contratos por vencer: el transporte local llegó al límite
El transporte público de la ciudad llegó a un punto de quiebre. Las empresas que manejan las líneas azules y verdes presentaron una nota ante el Concejo Deliberante con un mensaje que no deja lugar a interpretaciones: si el boleto no sube a 2.300 pesos de manera urgente, no pueden garantizar la continuidad del servicio. El documento fue dirigido al presidente del cuerpo deliberativo, Marcelo Schwarz, y lo firmaron de manera conjunta las dos concesionarias que hoy tienen en sus manos el transporte de miles de vecinos.
Los números que manejan las empresas explican, al menos en parte, por qué llegaron a esta instancia. El boleto plano hoy cuesta 1.342,42 pesos, el obrero 1.073,94 y la tarifa social 604,09, todos pagados exclusivamente con SUBE. Las concesionarias aseguran que esos valores quedaron completamente desactualizados frente a los costos reales de operación y que los 2.300 pesos que reclaman no son una cifra elegida al azar sino el resultado de evaluar cuánto cuesta efectivamente poner los colectivos en la calle cada día.
El derrumbe del sector tiene un punto de inflexión claro: febrero de 2024, cuando el Gobierno Nacional suprimió el Fondo Compensador del Interior. Esa herramienta era la que mantenía a flote al transporte en los municipios alejados del Gran Buenos Aires, subsidiando parte del costo del pasaje. Cuando desapareció, las empresas del interior quedaron sin ese respaldo y la situación financiera empezó a deteriorarse a una velocidad que hoy se siente en cada aspecto del servicio.
Los trabajadores son quienes pagan el costo más inmediato de esa crisis. Los choferes denunciaron que aún esperan el 70% de sus sueldos de mayo y que mes a mes enfrentan la misma incertidumbre sin señales de mejora. "Todos los meses trabajamos sin saber cuándo vamos a cobrar", resumieron, una frase que refleja con brutalidad lo que viven quienes sostienen el servicio desde adentro mientras el sistema se cae a pedazos.
Y ese desmoronamiento también se ve en la calle. Las unidades que circulan a diario muestran un estado mecánico que los propios conductores califican como el más grave que han presenciado. Las roturas son constantes y cada vez que un colectivo queda fuera de servicio, eso golpea directo en las frecuencias. Los pasajeros que usan el transporte para moverse por la ciudad o llegar a Quequén lo viven a diario: esperas que se extienden, recorridos que no salen y un servicio que cruje por todos lados.
El escenario de fondo es todavía más delicado. Los contratos de las concesionarias vencen en los primeros días de julio y las empresas ya dejaron en claro que, sin ajuste tarifario, no pueden ni renovar la prórroga actual ni presentarse a la licitación de 20 años que impulsa el intendente Arturo Rojas. El municipio avanza con ese proceso para definir quién va a manejar el transporte público en el largo plazo, pero si las operadoras de hoy quedan afuera por las tarifas, la pregunta que nadie quiere responder queda abierta: ¿quién va a mover a la ciudad mientras tanto?
